martes, 8 de enero de 2008

Etapas de la pareja y sus crisis

Generalmente nos imaginamos a la pareja (en una relación estable o matrimonio) como algo estático... se casaron y vivieron felices hasta el fin de sus díasí como terminan los cuentos infantiles. Pero, en realidad, el matrimonio o pareja (me referiré indistintamente a ambos conceptos a lo largo del artículo) no es un estado, sino un proceso que experimenta una serie de crisis normales y que la lucha para superarlas es lo que mantiene vivo a la pareja o matrimonio.
El matrimonio abarca prácticamente toda la edad adulta, y la experiencia demuestra que también hay fases en la vida de una pareja en la que existe mayor propensión a que surja una crisis

Las etapas de la historia de la pareja las hemos dividido en: el noviazgo o formación de la pareja, los primeros años de convivencia con o sin hijos, pareja en la mitad de la vida y la pareja anciana.


Noviazgo, formación de la pareja

Elegir a un compañero se convierte en una decisión contra toda otra posible pareja y, a causa de esa exclusividad, la misma puede resultar difícil. La exclusividad de la pareja no sólo es respecto a los demás compañeros, amigos, etc, sino también respecto a la familia de origen, de la cual cada uno proviene.

Cuando dos personas se han elegido mutuamente como pareja y se acepta la vida en común, se van construyendo un hogar propio, se crea una familia y marchan en una misma dirección. Estas tareas proporcionan a la pareja una cierta estabilidad ante las dificultades futuras.

Esta fase suele estar llena de dudas y temores, como; miedo a separarse de su casa, a entregarse a un compañero, a la atadura, obligaciones y responsabilidades, miedo a tener que renunciar a sí mismo en pro de la pareja, miedo a fallar a una tarea común o en el aspecto sexual. Por eso en ocasiones, no suele ser raro que en la época que precede a un compromiso serio de la pareja se den depresiones, reacciones de huida, estados de angustia, confusión de identidad, etc.

Primeros años de convivencia

Es la fase más activa de la pareja, ya que intentan afirmar su identidad en la sociedad y adoptan decisiones que les va dando una forma definida como tal. Organizan su propio hogar, con sus estilos, se influyen mutuamente se forma un díada frente al exterior.

El encontrar se propio estilo de vida es un proceso de discusión intensiva, no sólo respecto a valores y normas, sino también en cuanto a responsabilidades, reparto de tareas, distribución del trabajo y tiempo libre, relaciones sociales y familiares, empleo del dinero, etc. La convivencia exige tomas de decisión y posición respecto a todos los campos de la vida humana. La búsqueda en común de soluciones propias alcanza en esta fase una intensidad especial y puede ser extraordinariamente provechosa para la formación de identidad de la pareja.

La etapa de luna de miel dura entre 9 meses y un año más o menos, al principio de la convivencia . Durante ese tiempo todo es nuevo y ambos disfrutan de la novedad, las compras son divertidas y lo estrenan todo. Luego comienzan a surgir los diferentes puntos de vista y las dificultades de la convivencia.

Por otro lado, en esas discusiones de formación de la pareja uno puede tener miedo a creer cuando ha sido derrotado en una discusión, creer que es para toda la vida, y se afirma duramente, pues de lo contrario será oprimido por el otro, no puede ceder porque se le calificaría de débil, y así se puede originar una lucha por el poder matrimonial. Pero también puede existir el peligro de entregarse rápidamente en las discusiones a fin de que no surja nada disgregador.
Otro foco importante de problemas, es el que surge de la nueva relación con la familia de origen, en particular con los padres. Por miedo o sentimiento de culpabilidad, algunos no consiguen poner un límite ante sus padres, de modo que éstos se inmiscuyen aprovechando las oportunidades que se les presentan. Se llega a la lucha por la posesión entre los padres y un miembro de la pareja, a una lucha por la dependencia y la separación.

Cuando el matrimonio tiene hijos, aparece una situación fundamentalmente nueva. Al papel o rol de cónyuge, se le añade el de padre y/o madre. Se produce un profundo cambio en la pareja; ya no están tanto tiempo solos, ni tan pendientes el uno del otro. Se va dejando espacio a los hijos.
Si cuando el niño cumple 2 años la pareja no ha sabido negociar quién se hace cargo de cada tarea y no ha encontrado el modo de poder mantener la viva la relación, comienzan a aparecer los conflictos. Con la llegada del segundo hijo, se agravan los problemas descritos anteriormente.
En muchas ocasiones, a pesar de todos los esfuerzos modernos por la igualdad, es la madre la que se suele encontrar en inferioridad de condiciones para su desarrollo profesional, a consecuencia del embarazo, el cuidado del lactante, puede surgir en la mujer un fuerte sentimiento de rivalidad frente al los privilegios del papel masculino.


La pareja en la mitad de la vida

En estos años la situación cambia radicalmente. En la fase anterior la pareja vive para un futuro próximo, que ahora ya se ha fijado en el estatus social y económico de la familia, apenas queda ya algún objetivo exterior por lo que se esfuerce la pareja. Los hijos ya no precisan la presencia de ambos padres para su desarrollo, son más independientes y les necesitan menos, y la pareja vuelve a reencontrarse. Se suelen presentar dudas sobre si uno había imaginado la vida como ha resultado ser.

Los hijos se independizan y abandonan el hogar. La pareja recupera la intimidad y si no maneja ciertas habilidades se manifestarán los problemas de convivencia latentes.

En esta fase, algunos entran en relaciones extramatrimoniales, y otros pretenden divorciarse. Esperan escapar así de la firme identidad impuesta por sus parejas, o quisieran intentar nuevas posibilidades de la vida, etc.

En varios aspectos, esta fase suele ser más dura para la mujer que para el hombre. Va viendo como los hijos van creciendo, y no ve antes si ninguna tarea que valga la pena, ya que aunque intente de nuevo dedicarse más a una actividad profesional, suele tener más carácter de empleo; que a diferencia del marido lleva ejerciendo su carrera profesional durante muchos años. Además se añade el envejecimiento de la mujer y la menopausia.

La crisis de estos años suele ser decisiva para la madurez. La tolerancia madura y la sabiduría que este procesote conciliación lleva consigo vuelven a dar valor a la historia común de muchos años.


La vejez

Para muchos el punto de inflexión suele ser la jubilación. Van muriendo los antiguos amigos y conocidos, y cambia el mundo con el que se estaba familiarizando. La pareja se une más estrechamente, dependen cada vez más uno del otro. Pero esto a su vez también puede crear nuevos problemas. Cada uno intenta hacer al otro dependiente y, al mismo tiempo, quiere conservar su propia independencia.

Se llega a discusiones violentas, esta pequeña guerra hace que se ponga en juego las pocas fuerzas que le quedan, y no pocas veces se aísla la pareja ante el ambiente hostil, se atrincheran en su vivienda, y las desilusiones les van consumiendo.

La muerte de uno de los cónyuges es especialmente triste, ya que no solo debe superar la muerte de la pareja sino también entregarse a la dependencia de otra persona, a veces extraña.


Conclusiones

En esta presentación, en las fases del matrimonio, se dan muchos casos que no concuerdan con este boceto. Hay que pensar en especial, que la tercera parte de los matrimonios se divorcian y en que algunos matrimonios no tienen hijos y no se pueden ver reflejados en este artículo.
Esta presentación indica meramente que el matrimonio es un drama en varios actos, lleno de tensión, felicidad, desgracia, plenitud de esperanzas. Cada fase de la vida y del matrimonio crea nuevas condiciones interiores y exteriores a las que uno se va adaptando. Algunos viven estas crisis como enriquecimiento, en cambio, para otros resulta superiores a sus fuerzas.